cortafuego

“El Ávila nos regala toda su cara sin escatimar.

Yo de igual modo le regalo al observador la frontalidad de su cara cotidiana, pero al recorrerla puede descubrir muchas otras aristas, identificándose así con la sensación que le produce la montaña real.

El Cortafuego regala otras visiones y ángulos de nuestra montaña. El ojo del espectador es el elemento final e interpretativo que hace posible la obra a través del movimiento y del cambio”.

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